Inadaptado
Esto no es una queja, es más bien una exteriorización de mi confusión actual.
Primero me quejaba de que Guadalajara era muy grande y la gente estaba muy loca. Era un triste pueblerino de Puerto Vallarta que se iba a la “gran ciudá” en busca del sueño universitario por ambiciones familiares. Después de que pensé que Guadalajara era un rancho con millones de habitantes fanáticos religiosos que decían “fuistes”, conocí Columbia, Missouri.
Se me hizo un pueblo universitario, una ciudad sólo en nombre y no en establecimientos, pero agradable y a la vez aburrida. Era de buen tamaño pero no tenían todo lo que mi Vallarta ofrecía. Después, Calgary, Canadá. La gente es con madres, amables y me parecieron muy abiertos de mente (según esto está en la zona redneck de ese país) y sencillos… aunque la cerveza es mala, con contadas excepciones.
Después me fui a Japón y conocí Kyoto, la que considero el amor de mi vida como población. No muy chica, no muy grande, la gente es amable, limpia y respetuosa, mezcla lo antiguo y tradicional con lo moderno y anormal (usar rayas, cuadros y bolitas en la misma combinación de ropa es sólo el inicio de una serie de eventos que me dejaron claro que Guadalajara y Kyoto son ciudades hermanas porque tienen innumerables templos y son la fuente de la cultura conocida del país, no por usos y costumbres). Claro, son un poco (o un chingo) diferentes a nosotros como cultura mexicana… pero como alguien que no representa lo de este país, ¿qué tanto puede significar eso? Tragué pescado crudo y huevo crudo como nunca en mi vida y dejé de hacer ejercicio.
Después, el Distrito Federal. Siempre había creído que una vez en esa ciudad me la viviría de una actividad cultural saltando a la siguiente, ya que me gusta un tanto el teatro experimental, veo con agrado la pintura y la música alternativa, los cafés llenos de pseudo-intelectuales y futuros novelistas frustrados me relajan con su ambiente forzadamente hip/bohemio.
Los dementes que adoran a La Santa Muerte me hicieron ver a los creyentes de Guadalajara con otros ojos más benignos y más tolerantes. Me tragué mis palabras que pensé al comenzar el trabajo: que la política no podía enseñarme de comunicación a nivel mediático… me enseñó bastante. Las colas interminables en el supermercado me hicieron añorar las filas de un puñado de gente en Vallarta. Los conciertos de grupos que jamás han pisado Vallarta me hicieron valorar mi estadía ahí… Y los asaltos… eh… bueno, dicen que un rayo no puede caer dos veces en el mismo lugar, yo rezo por que aquellos asaltantes se traten de robar un pararrayos y les sirva mientras lo traigan en las manos.
¿Erré al creer eso? Definitivamente, pero he cometido errores más grandes (como creer que no encontraría a una mujer interesante en Guadalajara, después de haber mandado mucho a la fregada a una niña que creí demasiado fresa… la cual es actualmente mi novia de felices 5 años ininterrumpidos) al asumir otras cosas.
Ahora que regreso a Vallarta… es tan pequeño… La gente anda lento… La vida transcurre lento. El “tráfico insoportable” es juego de niños. Me gusta y a la vez me frustra. En estas playas, los conceptos que siguen la regla de “el tiempo es oro” no siempre son ciertos, como dicen unos jamaiquinos, “the sea is going nowhere”. Si el mar no va a irse a ningún lado, ¿por qué preocuparse? Y a la vez… ¿por qué no aprovechar al 100% el tiempo? ¿Qué carajos ES aprovechar al 100%? Ir en chinga loca tal vez… o es acaso llevársela tranquila… o… no sé.
¿Es esto lo que se siente ser, como dicen aquellos pedantes antropólogos, ser un “ciudadano del mundo”? ¿No encontrar un lugar donde puedas decir “aquí estoy exactamente como y donde quiero estar porque es un lugar que me queda a la medida”? El conocer el mundo no sólo hace tus horizontes más largos y grandes, hace de tu idea de “hogar” un lugar más utópico y lejano cada vez.
¿Es por eso que hay cada vez más países en este mundo, tal vez? Cuando no encuentras lo que quieres, tal vez empiezas a pensar que hacer tu propio país es lo correcto… antes, eso de Estonia, Letonia, Lituania no existía del todo. Ahora hay tantos países que terminan en “TAN” que es casi imposible aprendérselos: Kazajastán, Kirguistán, Afganistán, Tesistán… (mala broma, lo sé). Pero mi punto es… espero que haya un lugar para las personas como yo… las ciudades grandes me quedan grandes, los lugares chicos son demasiado chicos; los lugares con demasiada tecnología son buenos pero normalmente se encuentran en urbes gigantescas, los lugares pequeños… bien, digamos que es una fortuna que no andemos en burro a veces.
Empiezo un trabajo nuevo, de vuelta en el lugar donde me crié y en vez de sentirlo como un regreso, lo siento como un nuevo comienzo: todos mis compañeros de la preparatoria se ven tan lejanos, tan… señores a veces; mi familia ha crecido notablemente en su población. Paréntesis importante: son como 10 primos/sobrinos cuyos nombres y caras que tengo que aprenderme, todo un reto tomando en cuenta los nombres de éstas épocas, Anthony Alberto es el nombre de uno… en mis tiempos, todos los niños teníamos nombres de telenovela, Jorge Antonio, Luis Fernando, ¿y ahora? Casi casi pediré mi cocol, pero eso de “en mis tiempos” sí aplica. Y aquí en Vallarta, hasta el proverbial “Carlo’s O’Brians” de Vallarta ha cerrado, un lugar que creí que seguiría ahí incluso después de mi muerte.
Joder, al menos no tengo la crisis de la mediana edad, ¿eh? ¿Qué será de Kiioro? No se pierdan el capítulo de estreno de la tercer temporada de Kiioro, aquí en Baywords Entertainment Television.
P.D.
Por cierto, génteses… Feliz año nuevo y felices fiestas. Saben que de este lado del charco les deseamos lo mejor. Pero lo mejor, en serio. Pilas de libros raros, coches nuevos, pedas interminables para aquellos que toman, sexo infartante para todos ustedes, que se ganen la lotería tres veces seguidas y los inviten a viajar gratis… ESE tipo de buenos deseos.