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Champiñones Ambulantes

Cuando llueve, en la ciudad de México hay un fenómeno interesante. Un gran número de gente obesa y muy, muy chaparra porta paraguas extremadamente anchos. Entonces, vistos desde arriba, de la altura promedio mundial, se ven como coloridos champiñones corpulentos demabulando.

Eso es todo.
(El post de la fealdad fue escrito un día antes).

La fealdad I: El Físico

“You came in that thing? You’re braver than I thought.”

El hecho de que existan los modelos es para ver el potencial que tiene una prenda, maquillaje, perfume, o incluso el vender la idea de que el desodorante te hará así de sensual. Son modelos porque son más bellos que el humano promedio y su atractivo puede llegar a ser evidente. El resto de la gente, nosotros, sabemos eso. Nos vestimos de una forma que nos favorece aunque sea un poco, aunque sea en ocasiones contadas (al menos ante nuestros propios ojos hay esa estética que puede que no cuadre con la general, sin embargo, estética al final; no conozco a alguien que salga de su casa pensando “uuuta, ahora que me veo de la chingada, salgamos a ligar“). Hay quienes conocemos nuestras limitantes e intentamos hacer que la vista de los demás no sufra demasiado, si no podemos ser más atractivos, al menos no espantar es la meta.

En este post obviaré a la gente normal, aquellos que no resaltamos por tener una apariencia promedio (poco más o poco menos), ni a la gente atractiva. Nos centraremos en un grupo de gente que parece intentar dinamitar las teorías de selección natural y evolución de Carlos Roberto, alias Darwin.

Un viaje por el metro, como ya lo he constatado en un escrito anterior, es una verdadera aventura digna de llenar páginas para una épica griega, o mejor dicho, algún drama griego. Ahora iremos al segundo velo de tal realidad. La gente que viaja en el metro será mi campo de estudio, junto con el Zócalo.

Habrá quienes se aparten de los dos o tres jóvenes con peinado mohicano de varios centímetros de alto, maquijalle, perforaciones y ropa negra. Lo interesante es que llevan un estilo pulcro, el peinado es intachable, la ropa está de acuerdo a la usanza punk. Guardan la estética del movimiento. Y esa gente que se aparta de ellos, extrañamente, no duda en sentarse al lado de algo que yo no sabría clasificar, ya que tras una rápida examinación visual y olfativa, me debatiría entre: yeti, o tal vez, humano.

Porque esa es una magia rara vez apreciada del metro del distrito federal. Es un viaje inmersivo en la historia de la humanidad; una invaluable exposición viva y permanente digna del más avanzado museo de antropología e historia. La última vez me subí y estaba en exposición “Francia antigua”, y pude estar a sólo unos metros de un hermoso ejemplar de una mujer Cro Magnon, aunque me puedo equivocar, al no ser yo experto, tal vez observé a una Neandertal.

No sólo el metro es un lugar para ir en un mágico viaje en la historia de la evolución de la humanidad, lugares como el Zócalo son invaluables. Más de una vez incluso vemos los intentos fallidos de la evolución caminar. Dientes donde no deberían de ir, ojos que probablemente tienen la función de asustar (la capacidad de ver siendo secundaria), cantidades bíblicas de grasa corporal sin función alguna…

Algo que reta a la selección natural (o esta falla al hacer su trabajo) sucede seguido: algún otro humanoide se casa* con algún proto-humano (o parejas de protohumanos se unen) y tienen progenie. Más de alguna vez he visto a algo que sólo puedo asumir que es femenino, debajo de tanto pelaje corporal, masa gelatinosa, sudor, aroma defensivo… en pocas palabras, apariencia con la misma función que tienen los pliegos de piel en un clamidosaurio, alejar a los depredadores mediante el susto. Entonces es cuando noto que están preñadas. No he comprobado aún el número de vástagos por camada, pero cuando veo a la pareja, sólo puedo pensar en una frase de una de las princesas más famosas de los últimos tiempos. La cito de nuevo:

“You came in that thing? You’re braver than I thought.”
-Leia Skywalker

La frase está sacada de contexto, lo sé, pero se ciñe de maravilla a mi caso de estudio. El escrito anterior (Malginidad, acerca de las Pringles) se conecta directamente con este, ya que es mi teoría de la D-Evolución la siguiente:

D-Evolución

Un humano normal comenzó a alimentarse exclusivamente de productos antinaturales, desdeñando el ejercicio y cualquier otro factor de lo considerado “saludable”. Después de haber caído en algún bache obscuro en los genes al ir por el camino de la evolción, el factor Y (alimento de Yuggoth) aprovechó un gen débil y comenzó una reacción en cadena.

* Los dientes comenzaron a hacerse irregulares y mudarse de su lugar normal; han tomado una coloración que puede ir desde el amarillo claro, ámbar, pasando por tonos de amarillo grisáceo, llegando al negro.
* Los ojos tomaron una función además de ser el órgano principal del sentido de la vista: alejar a los depredadores. Al tornarse pequeños, el esclerótico adquiere un color amarillo, las venas resaltándose, llenándose de secreciones como lagañas endurecidas y una ligera hinchazón permanente.
* La grasa corporal para sobrevivir largos tiempos de hambruna (que parecen nunca llegar) se ha aumentado de manera exponencial.
* Los poros se han distendido para facilitar el trabajo de las glándulas sudoríparas y el sebo para mantener la epidermis protegida bajo una capa permanente de sebo y sudor que parece también tener otra función:
* Defensa contra depredadores mediante el olor, que a su vez les permite a otros miembros de su especie saber cuándo una hembra está en celo, ya que parecen reproducirse a una velocidad cada vez mayor.

Podría continuar revisando exhaustivamente esta lista, pero aún me falta confirmar varios datos antes de postularlos. No obstante, el paso en la D-Evolución parece ser una advertencia más: Pronto podremos saber si se volverán en Morlocks (léase “La máquina del tiempo“) o clérigos que esperan la llegada de Cthulhu (léase Lovecraft en general).

*He aquí la prueba fehaciente [o debería de decir fea siente... (Disculpen el horrendo juego de palabras, pero... pero... VEAN!)] de que sí existen matrimonios entre humanos y protohumanos:
Un majestuoso ejemplar de una protohumana
La segunda parte cubrirá otro fragmento de la fealdad.

Malignidad

Es vender una cosa diciendo que es otra y salirte con todas las de la ley, incluso, que la ley te acompañe y te mejore la situación.

A nadie sorprende que la aberración conocida como “Pringles” no tenga sabor alguno a papa -incluso, que tal vez sean huevos de seres del planeta Yuggoth hechos botana-, pero hay veces que uno tiene que ver los límites.

En lo personal, Pringles me da náuseas por el sabor a aceites de girasol, canola, emulsificantes y el polvo sabor a Yuggoth. Dejando atrás cualquier tipo de dignidad y optando por una sinceridad maquillada de elogios, P&G exigió que su producto no tuviera impuesto extra porque no se encontraba dentro de lo natural.

¿Cómo lo lograría? Porque el PlayDoh frito conocido como “Pringles” está hecho de 42% papa.

En caso de que no haya sido claro…

42% papa.

¿Qué están comiendo aquellos desafortunados clientes que compran Pringles? ¿Qué es exactamente lo que planea P&G? Obviamente, he elaborado una teoría.

P&G no es Procter and Gamble, es una palabra antiquísima de civilizaciones más viejas que nuestro débil concepto de “tiempo” alcanza a abarcar. Son una especie que vienen más allá de las estrellas, más terribles e innombrables que los apelativos y las caras de Nyarlathotep, la palabra “P&G” (pronunciada tal como se escribe, P&G) busca hacer que todos nosotros los humanos terminemos adorando a Cthulhu, preparándonos para aquel tiempo en el que El Innombrable, después de que todos los soles se extingan, despierte de su letargo casi eterno. No sólo nos preparan psicológicamente, con todos los productos y la promoción que tiene P&G, si no que sus productos nos embalsaman con su civilización. En el caso particular de Pringles…

42% Papa terrícola.
30% Grasas y harinas terrícolas
27.9% Polvo de habitantes del planeta Yuggoth (originalmente verde)
0.1% Emulsificantes, conservadores, colorantes y toda esa mierda

Se juzgó que en Reino Unido, Pringles no tiene que pagar más impuestos porque no está hecho de papa. Primero Reino Unido, después… El mundo.

Ia Ia! Cthulhu Fthagn! Ph’nglui mglw’nfah Cthulhu R’lyeh wgah’nagl fhtagn!

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(Ahora sí, después de esto escribiré de la fealdad, pero el link que proporcionó Freak fue demasiado tentador).

El establecimiento de la individualidad: crisis dentro de la posmodernidad

Me están diciendo que los comments no pueden ser publicados por la página. Intentaré revisar eso. Mientras tanto, los dejo con esto.

El título fue sugerido por Odín.

Vivimos en una sociedad que ha perpetuado una batalla generacional. Sucedió y sucederá, sin importar que sean Baby Boomers, Generation X, los que nacerán en el 2015; todos estarán enfrentados contra todos. Siempre los mayores dirán algo como “ya no hay esperanza para esta generación, están fuera de control.”

Y eso implica que intentan hacer a su imagen a los más jóvenes, olvidando que ellos se rebelaron contra algo similar hace sólo unos años atrás, y fueron asediados por un ataque igual en sus tiempos. La presión logra siempre que se formen tres grupos por lo menos:
* Unos cuantos terminan por aceptar la demisión y parecen una réplica de la generación anterior.
** Otros se hartan, poniéndose en contra de algunos preceptos de sus padres, al mismo tiempo toman lo que creen conveniente de ellos.
*** Los demás estallan y hacen algo que va en sentido contrario de todo lo que se había conocido.

En el caso de movimientos como el punk, lo último fue lo que sucedió, y las personas en su totalidad son una muestra de una protesta permanente ante una sociedad que es ciega e intolerante.

En esta generación, como en todas, se puede empezar a notar que entre emos, góticos, punks, ravers, fresas y demás, siempre hay unos que resaltan. Puede ser por la personalidad, o puede ser por un simple hecho de saber vestirse y adapatar la corriente ideológica (o de moda, aún cuando no lleve ideología) a su forma de ser para verse bien.

Y están los attention whores. Uso este término porque hasta el momento no conozco algo similar en español.

Tomemos un emo como ejemplo, aprovechando que se está popularizando su función como punching bags. Un emo promedio usa la ropa que es normal para tal moda (los pantalones con piernas en corte de tubo, etcétera), el peinado aquel que lleva el fleco sobre los ojos y demás accesorios que los caracterizan. Y están los otros emo, aquellos que usan un peinado más alto que un punk (aceptable, ya que los emo tomaron parte de los punk para surgir), ropa con demasiados colores para que los veas por fuerza, pupilentes azules de 90 pesos que se ven aún más falsos porque son más morenos de lo que Moctezuma fue, maquillaje exagerado, pulseras y accesorios a reventar, cada uno más llamativo que el anterior.

No tengo una sola idea en contra de expresar la individualidad de cada uno, al contrario, apoyo que la gente sea diferente. Lo que me frustra de ellos es que generalmente, la gente que va andando de manera tan estrafalaria por la vida, hay algo diferente en sus ojos. Conozco la mirada demasiado bien, porque un día en el que me esforcé por vestirme raro, me encontré a mí mismo haciéndola: primera y última vez; sentí repulsión por mi attention whoring y decidí jamás caer en eso de nuevo. (Probablemente fue el mismo día en el que empecé a cuidarme más). Es una mirada peculiar que encontrarán no sólo en los emo, si no en cualquier otro grupo, subcultura, contracultura o individuo que llama demasiado la atención por ahí.

Primero, es importante que tengan la vista fija, desafiante (dependiendo del movimiento al que se pertenece, la cabeza puede estar arriba, abajo o al frente, pero es importante parecer desafiante). Segundo, lanzan ojeadas furtivas para comprobar que, efectivamente, les están viendo, ya que esa atención es la necesaria… pero a la vez, no fijar la vista en los demás y que no se note (demasiado) esa ansiedad por atención, ya que es imprescindible parecer que uno es superior en su individualidad. Actuar con supuesta naturalidad es parte del teatro, ya que se tiene que dar la impresión de que es de lo más normal rogar por las miradas de los demás.

Tal vez seré redundante, pero voy de nuevo a mi punto: No tengo una sola cosa en contra de demostrar la individualidad, yo me visto de forma extraña de vez en cuando o me peino como pocas personas lo hacen, pero ya jamás es para ser el centro de atención, no me puedo alimentar del interés ajeno como algunos parecen poder lograrlo. Si soy diferente, lo hago por y para mí, no por los demás. A fin de cuentas, ser diferente a los demás teniendo como razón, precisamente, a todas las otras personas, es tan de efectivo y futil como ser igual a todos por someterse a los demás. El concepto de otredad está igual de dañado en ambas visiones.

Y antes de que alguien diga que los fresas quieren llamar la atención por querer ser atractivos y no por el simple hecho de querer llamar la atención, me remito al caso de los Guidos que ya son una pequeña corriente que comenzó en Nueva Jersey (EUA) y aquí parecen haber varias personas que copian tales estilos de peinado y ridiculeces… además de que ya he visto varias mujeres en México que punto y coma se adhieren a los lineamientos de las Ganguro japonesas. Si no saben qué son ninguna de estas corrientes, por favor, dense el tiempo de buscar imágenes en internet, tal como las escribí: “Guidos” (agreguen la “S”) y “Ganguro”.

Ahí descansa mi caso, sí hay una importante diferencia entre ser diferente porque la individualidad de uno simplemente no puede conformarse con ser como los demás, tal es el caso de muchos artistas (y aquí tengo que decirlo también, artistas de verdad, no gente que hace cualquier cosa y como se acuesta con un/a representante de lo que es el arte, se considera como arte), a ser diferente porque la atención forzada de los demás me hace sentir bien.

El establecimiento de la individualidad en crisis dentro de la posmodernidad es algo que está sufriendo entre la gente que quiere ser única porque su alma lo pide así y la que se esfuerza por ser única porque su psique se lo pide, ya sea porque mami y papi no le pusieron suficiente atención o porque el doctor los dejó caer cuando eran recién nacidos.

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Y como hoy me levanté con un humor chingativo, probablemente así seguiré, por lo que a menos de que mi estado anímico cambie, próximamente hablaré acerca de “La Fealdad”