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Walter Mercado

Si tienen nombres pochos que chocan horriblemente con sus apellidos, se van a ofender. Ya advertí.

Empezaré con la egolatría de citarme, parte de un texto que fue un proyecto de libro en internet:

Thüaì~qh era un nombre de elfo bastante común, siempre había dos o tres de ellos en cada comunidad. Los humanos normalmente evitaban los nombres así por la complejidad de pronunciación inherente al élfico. Precisamente, él lo había pronunciado con otro acento.

-Ellos, mis padres, creyeron que me daría estatus, porque mi abuelo es elfo. Como si un nombre te hiciera ser más desde que naces.

En el departamento de Acción Social de una dependencia de gobierno hay una mujer que, para no entablarme en demandas y demás, sólo diré su primer nombre y su primer apellido, el resto está censurado:

Yeni XXXXX Peña XXXXXX

Al principio, pensé que Yeni Peña habría sido hija de una de esas personas que por respeto a nuestros ancestros mestizos, habría querido honrar la parte de este continente y buscado un nombre como Citlali o Xochitl, y en la lista de nombres en Náhuatl habría aparecido Yeni. Hasta que lo pronuncié mentalmente.

Yeni? Como queriendo decir Jenny? El cual no es un nombre, sino Jennifer pero en apodo? Mi mente trastabilló y amenazó con dejar caer el sistema, cual computadora con Windows ME.

¿Qué ha pasado con nosotros? Fernando Vallejo en su libro “La Virgen de los Sicarios” no se toca el corazón al hablar de esto.

(…) El nombre es bonito pero no se lo puse yo, se lo puso su mamá. Con eso de que les dio a los pobres por a los hijos nombres de ricos, extravagantes, extranjeros.Tayson Alexander, por ejemplo, o Fáber o Eder o Wílfer o Rommel o Yeison o qué se yo. No sé de dónde los sacan o cómo los inventan. Es lo único que les pueden dar para arrancar en esta mísera vida a sus niños, en vano, necio nombre extranjero o inventado, rídículo, de relumbrón.

Claro, ese libro habla de Colombia y, en específico, de Medellín. Tristemente, no podemos decir que hemos salidos airosos de tal tipo de decadencias. Dentro de nuestro pujante y trabajador senado, tenemos también al menos un nombre que, cuando vi a la persona, casi caigo víctima de un aneurisma triple.

Elvis Aarón Manzanilla Pérez.

Con Elvis Presley (quien se llamaba Elvis Aaron Presley) como la inspiración, creo que les salió un poco diferente a lo esperado [además, ¿de dónde carajos sacamos para convertir a Pérez en Presley?].

Junto a mi sobrinita de nombre con aire francés… (su nombre como tal, no existe en francés, ya que le quitaron una letra, convirtiéndolo en un apellido alemán) su segundo nombre que proviene del inglés… rematado con dos apellidos españoles, he tenido amigos como John Pérez, y en mi escuela Michael Rodríguez era bastante conocido por su nombre en sí. Aquí en donde trabajo, está un chofer -no tengo chofer, por cierto- llamado Bogar (basado en Humphrey BogarT ?)

Así que comencé a filosofar. ¿Cuál es la verdadera ideología detrás de esta Frankensteinización nominal? ¡¿Cuál?!

Afortunadamente, tengo un apellido que proviene de Santander, España. Cuevas, de la Cueva, Cueva y apellidos similares provienen de tal zona, por lo que tengo la ventaja de poder ponerme en aquellos zapatos y explorar las vicisitudes de los nombres que no se deben combinar. He llegado a varias conclusiones, que presento a continuación.

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Teoría I
La Magia Económica

Si le pongo Brian Cuevas (no ponerle Brayan, esto arruina el poder mágico del nombre) a mi hijo, esto tendrá una cadena de reacciones favorables. Como los estadounidenses ganan más dinero que yo, seguramente el nombre de Brian irá llamando a los dólares para que lleguen a casa, el nombre y su poderosa fuerza astral sacarán al chamaco de la pobreza.

Teoría II
La Cábala de la Distinción

Dentro de las personas reconocidas por sus modales, siempre vienen a nuestras mentes los nobles franceses e ingleses. Es necesario nombrar al hijo, en cuanto sea posible, como alguno de éstos. Así que mi hijo Henry Cuevas nacería con tal aire distinguido, con aquella arrolladora majestuosidad de las fábulas que ya no tendría que, en mi pinche vida, enseñarle siquiera cómo sujetar una cuchara para postres. Ah no, sus deditos, manos y cuerpo entero, por el poder de Henry, sabrían como llevar a cabo una tarde con la reina Elizabeth II de Inglaterra sin que yo invirtiera un solo minuto en enseñarle reglas de etiqueta. Bendito seas, Henry.

Teoría III
Mística Genética

Si nombro a mi hija Ivonette Elfriede Cuevas desde antes que nazca (muy importante, si no, no funciona), seguramente las fuerzas místicas de aquellos nombres alemanes harán que su genética cambie drásticamente. Ivonette es un nombre alemán, que, aunado a otro nombre alemán como Elfriede que significa “fuerza élfica”, seguramente nacerá una niña blanca como nieve recíen caída, de ojos azules, delgada como una espiga de trigo y con el cabello del color de los campos de centeno, lista para hacer audición para ser la próxima Gretel, Helga o Heidi en cuanto comience la producción de tales películas -que con la cantidad de refritos que estamos viendo, no tardarán en ser lanzadas.

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…o tal vez no sucederá ni una sola cosa de esas, y sólo tendrán un nombre que los seguirá hasta el fin del mundo como si fuera una maldición de gitanos.

Regresando a La Virgen de los Sicarios, Fernando Vallejo habla de los jóvenes con apellido español pero nombres como Wílmar, y aquí en México seguramente habrá muchos William Menéndez, pero hay una cosa aún más cierta que esto. Toda América Latina se postra ante el poder de los Ecuatorianos y sus nombres, en específico, de la provincia de Manabí.

Cuando tu dignidad se ve afectada por la población en la que vives, que puede llamarse desde “Cagafuego”, pasando por nombres como Dos Culos, Moja Huevo, Estero Maricón, El Pueblo Arrecho* o, incluso llegando a El Placer del Culo, ya hay algo grave.

Aunque un atentado contra la vida propia es cuando ya tu nombre oficial puede ser Guasintong o tal vez Aquiles Machuca, Semen, Funcionario Severo o Perfecta Circuncisión. Si dios existe, creo que tendrá mucho trabajo para proteger a unos cuantos niños de golpizas diarias en su escuela.

Y aún cuando aquí en México no tengamos -por el momento, sólo esperen unos años más…- niñas que se llamen Cabalgada Deportiva Santana y entre sus amigos se encuentren Alí Babá Cárdenas y Vick Vapo-rub Gíler, creo que no estamos en una situación como para reírnos. Que Walter Mercado nos proteja con tooodo, tooodo, todo… lo que tiene.

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*Arrecho = palabra sudamericana similar a nuestro “encabronado” (enojado).

Pero aquí atrapado en este vagón…

Bien. La perra me sigue desesperando. Tal vez soy persona de gatos como siempre lo fui y el intentar cambiar eso fue una estupidez de la cual aprenderé. O tal vez simplemente aprenda a comportarse y yo aprenderé a quererla. No lo sé. Según la omnisapiente wikipedia, los malteses son unos hijos de la chingada difíciles de entrenar en las artes de la civilidad. A buena hora me entero. Pero ese no es el punto del post. A petición de una desaseada barbona escribo lo que sucede a diario en esta ciudad:

Café Tacvba es un grupo que representa lo que es ser mexicano, y siendo más precisos, lo que es ser chilango. Ya sea como nosotros los provinciamos entendemos la palabra “chilango”, aquellos nacidos en el DF, o como los capitalinos entienden tal vocablo: foráneos que llegan a vivir al Distrito Federal. El grupo capta la esencia de ello. Y tal vez algunos escucharon del disco “Re” la canción llamada “El Metro”.

Ah, el metro. ¿Qué chingados sabía Chava Flores? Él, dizque cantante desafinado que escribió su canción lamecolas de “Voy en el Metro”. Esta canción y la de Café Tacvba tienen toques de humor, pero lo hacen por dos cuestiones muy diferentes. Claro, cuando Chava Flores existía, el metro era distinto, seguramente lo usó sólo al principio. Pero lo cito:

Voy en el metro, ¡qué grandote, rapidote, qué limpiote! ¡Qué deferencia del camión de mi compadre Jilemón que va al panteón! Aquí no admiten guajolotes, ni tamarindos, zopilotes, ni huacales con elotes, ni costales con carbón.”

Permítanme decir algo al respecto:
AAAAHAHAHAHA! GAHAHAHA!

… muy bien … siendo más elocuentes al respecto…

Uno paga 2 pesos por el metro. 2 pesos es un precio que el resto del país, con sus impuestos, soporta, ya que los impuestos del DF no aguantarían tanto subsidio (si lo sumamos a la luz, el agua y todo lo demás que se le casi regala a los capitalinos). Yendo por los pasillos, uno tiene que esquivar a la gente tirada céntricamente con chácharas y que grita con canción (ya que nunca se anuncian con tono neutro, siempre es cantado):

Trescarlosquinto por cincopesoooooooos” o tal vez “dospares decalcetines a veintepesooooooos” y demás ofertas descomunalmente sospechosas.

Si es un día tranquilo y es una hora no-pico, es cuestión de alinearse donde uno cree que quedará la puerta para apartar un lugar decente, porque la caballerosidad ha muerto así como el respeto de los demás hacia uno.

No bien pones un pie en el vagón que has elegido [si es que la muchedumbre en horas de entrada y salida del trabajo (además de dos que tres horarios extraños que no vienen al caso) no haya hecho ya la elección por tí y te jodes], cuando te da un golpe el tufo a humanidad. Si bien cualquier optimista creería que es cualquier concentración de personas, lamento informarles de que es fuerte el olor a gente marinándose desde hace varios días sin la intención de interrumpir su maceramiento con un baño.

Para aquellos que soportan eso con facilidad, ese es sólo el primer paso.

Cualquier persona que se haya subido al metro ha notado que todos los vagones de las líneas más usadas tienen todos los vidrios rayados con lijas o algo así, manchas en los mismos vidrios que ojalá sean de pegamento ‘resistol’ porque parecen plastas de líquido blancuzco que se escurrió para formar letras.

En el vagón promedio hay de todo. Desde aquellas personas que Fernando Vallejo describe mucho mejor que yo, que tienen más hijos más rápido de lo que deberían, ver 4 generaciones en un vagón es cosa de cualquier día. Una joven de 14 años sosteniendo uno o dos niños, acompañada por su hermana que hace lo mismo, custodiadas por su madre de como 30 que tiene otro niño en brazos, siendo regañadas por la abuela de, a lo sumo, 50 años; muchas de esas veces esos niños traen centenares de papelitos cortados (y a veces ¡hasta enmicados!) con una leyenda que va más o menos así:

“Soy un niño de la región más pobre de (inserte estado del país). Necesito dinero para (inserte aflicción). Que Dios le (inserte bendición).”

Pero me adelanto a la sección de comerciantes. Aún no llego ahí.

Como curiosamente esas señoras miden lo exacto como para que sus codazos lleguen justo a la zona de la entrepierna de una persona con mi estatura, son de lo más temibles. No dudan en hacer uso de tales ventajas. Y con el dejo de caballerosidad, uno no les da el golpe de revés que se merecen, ya que si dijeran “disculpe”, o “compermiso“, uno cedería el paso.

Si hubo disponibilidad de lugares no manchados recientemente ni mojados con líquidos de inefable procedencia, alejados de las manchas de vivos colores y olores que hay en el suelo, puede considerarse afortunado. La mayor parte del tiempo, sin embargo, uno tendrá que sostenerse de los barrotes, cálidos y brillosos a base de una diaria dosis de sebo y sudor humano. Los que cuentan con la altura necesaria, se detienen del techo, mucho más limpio. De cualquier forma, así es como uno está listo para el espectáculo diario del metro.

En su mayor parte subterráneo, como bien lo mencionó el Che Gün en su post del metro, la gente tiene la delicadeza de mantener firmemente cerradas las ventanas para sellar la fragancia humana en los vagones.

El arte se expresa en el metro, ya que hay gente con guitarras que llegan a pegar de alaridos en lo que parecería una excelente representación de teatro musical postmoderno en franca decadencia, pero en realidad es ‘música’. Y obviamente, habría que pagar por ello, en las mentes de los actores.

También están los Jedi del metro, los ciegos. Todas las personas batallan para matener el equilibrio en el metro, pero un ciego, con sólo su mano en el bastón para medir el mundo, no necesita de factores externos, va impasible (o pidiendo limosna) sin fallar en sus pasos. Los Jedi de la Orden del Metro tienen preferencia en las actividades de recolección de dinero en el metro, cualquier otro comerciante evita vagones con ciegos.

En esa cadena alimentaria, debajo de ellos están los que venden chácharas. Normalmente se dividen en dos: cosas al azar y música. Los que comercian cualquier cosa, venden productos como “Panditas de calidad, panditas Ricolino, dos por cinco pesos” (y yo que no sabía que había ‘panditas’ de distintas calidades, pero bueno). O Tres plumas, un plumón y estampas por 10 pesos, plumas con linternas e imán, o cualquier cosa que no sea necesaria en esta vida, se podrá encontrar a 10 (o menos) pesos.

Los que venden música merecen su propio inciso. Estas personas, tan celosas del orden público, traen una mochila con la parte de los cierres y depósitos en el vientre, no en la espalda. Éstas están modificadas para que en vez de uno de los compartimentos tengan una bocina insertada, en otro compartimento traen CDs y finalmente, otro para el dinero. No es necesario buscarlos activamente, se nota cuando uno llega al vagón. Al cerrarse las puertas, invariablemente se puede escuchar algo como lo que se describirá a continuación. El siguiente texto debe de decirse a volumen para desgañitarse y siempre cantado, las pausas marcadas con comas (,) deben de hacerse aunque no sean correctas gramaticalmente. Del mismo modo, la falta de comas significa que el texto se debe de decir con un solo aliento. El título del disco y sus artistas pueden variar y sólo son un mero ejemplo de este servidor.

BOOM, TAH-TAH, BOOM, TAH-TAH, BOOM, TAH-TAH, BOOM, TAH-TAH [ritmo de reggaetón a volúmenes inhumanos, asegurándose de que incluso los que traen audífonos (para evitarlos) escuchen; debe de durar al menos 20 segundos]

¡Disculpen la molestia estimados usuarios, en esta ocasión, les traigo a la venta, disco en formato emepetrés con 143 temas, con Lo mejor de la música Naca! ¡Son 143 canciones, con lo mejor de Daddy Yankee, Nigga, La Factoria entre otros! 143 éxitos del reggaetón.

(Pausa para joder a todo mundo con algún fragmento de canción o un ‘mix’ de varias)

¡10 pesos le vale, 10 pesos le cuesta, disco en formato emepetrés con 143 temas! ¡Es copia de original va calado va garantizado, 10 pesos le vale, 10 pesos le cuesta!

(Otra pausa)

¡Si alguien más está interesado en el CD con Lo mejor de la música Naca, son 10 pesos, 10 pesos le vale, 10 pesos le cuesta!

(Fin)

Y así, se despiden para ir a torturar a otro vagón. Si tienen la fortuna de estar en un vagón casi vacío, no tendrán que enzarzarse en una lucha a muerte con tal de bajar en la estación deseada. Después de eso, es cuestión de evitar a los que estén en la estación vendiendo productos a precios dudosos. El siguiente paso es el dulce salir a la libertad de banquetas calientes, iluminadas por un sol que intenta zafarse de la pared de smog, en esta Ciudad de México.

Aquí les dejo la canción de Café Tacvba.

El encanto de tener un perro.

Siempre he defendido a los gatos, su manera tan “superior” de ser, porque son independientes, porque no necesitan de tí y me parecían mucho más inteligentes que los perros con su amor fiel hasta la tumba, además de que con arena, su instinto les decía dónde hacer del baño. Claro, un gato no se saca a pasear, pero eran 20 veces mejores. Además, los gatos son más baratos casi sin importar las razas a comparar.

No será de extrañar, entonces, que la noticia de que yo, amante de los gatos, haya decidido comprarse un perro, se haya esparcido más rápido que fuego en pasto seco. Cuando compré a Sune (hembra, maltés al menos por las últimas generaciones porque tiene todos los rasgos, excepto la coloración), la elegí sobre otra de su misma camada, porque la otra tenía cara de estupidez profunda. Así que quería un perro tan inteligente como un gato. Y después me convencí de que lo mejor sería un perro, no más comparaciones con los gatos, me quería dar la oportunidad de dejar de odiarlos.

Seguramente entre mis conocidos tal vez hasta hayan comenzado una quiniela, preguntándose cuánto se tardaría en acabarse la fascinación por la mascota nueva, sobre todo para una persona que detestaba al animal que adquirió. Para aquellos que se hayan inscrito en tales apuestas, lamento decepcionarlos.

El encanto del perro se acabó hoy a las 8 PM.

Sune había decidido volverse anoréxica y bulímica, ya que no había cenado, desayunado ni cenado. Y vomitó agua que había tomado. Ya había comido bien, así que no entendía por qué haría eso. Cuando escuché croquetas moviéndose al otro lado de la puerta, antes de abrirla, mi ánimo mejoró.

Me imaginaba que, después de haber comprado unos costosos (o al menos me parecieron) atrayentes y repelentes para que supiera hacer dónde debería de dejar sus residuos tóxicos, me encontraría el departamento limpio pero patas arriba, con mordidas por todos lados. Son perros a fin de cuentas.

Cuál sería mi sorpresa al encontrar no sólo el recibidor con 2 pedazos de materia sólida, si no que una inspección más detallada me hizo encontrar 4 charquitos y, mejor aún… mi sillón (sobre el que la perra no se podía subir a pesar de sus esfuerzos, según había visto y creído) tenía 2 premios encima.

Tomé a Sune, le di un zape leve mientras olía sus excreciones sobre el mueble, le dije “No.” y la puse sobre el periódico con el atrayente “Aquí.” La perra casi asintió y en ese momento hizo del baño en el periódico. La miré con aprobación y le di unas palmaditas cariñosas. Fui por detergente, cloro, líquido para limpiar pisos, cepillo y trapeador. Dejé mi departamento impecable, listo para que le hicieran una operación a corazón abierto a un recién nacido, tardarán dos o tres generaciones en que ácaros puedan sobrevivir sobre esa tapicería y el suelo. Creo que hasta quemé un poco el sillón.

Encendí incienso para alejar el olor a limpiadores / desechos caninos, pero Sune fue a lamer donde acababa de limpiar. La levanté y la dejé a un lado, evitando decirle “No”, ya que si le dices mucho una palabra, deja de entenderla (un perro al que le dicen “No” para todo, esa palabra deja de tener sentido). Respiré el olor a quirófano para un Dalai Lama bebé. Sin querer perder ánimos, saqué de mi bolsillo la pelota que le había comprado a la perra. La boté un par de veces y la lancé suavemente en su dirección.

He visto paredes con reacciones más notorias que la que Sune tuvo hacia su juguete nuevo. Fui a lavarlo, pensando que tal vez fue el olor lo que no le gustó. Cuando regresé de tallar la pelota con jabón, veo que la maldita cuadrúpeda está meándose sobre el lugar que acababa de limpiar / esterilizar. Ahora sí.

“No! Ahí no, Sune.” La llevé al periódico. “Aquí.”

Le pasé la pelota. Creo que la pelota ha de ser etérea porque ni la siguió con la mirada.

Ya bastante molesto por tanto desmadre, decidí sacar a pasearla para que yo me desestresara y ella desechara la energía extra.

¿Escribí “pasear”? Ah, disculpen. Quise decir “deslizarla”.

Usé el cable de mi difunto cargador para la computadora para amarrarlo de su collar y la bajé. En cuanto puso las cuatro patas en el suelo, las modificó a una posición firme. Di unos jaloncitos. Nada. Jalé más fuerte, y se deslizó porque no pudo contra la fuerza de un humano 12 veces más alto que ella. Me detuve.

“Ven, Sune…” Volteó hacia arriba cuando escuchó su nombre, pero no se movió. Di otro jaloncito. Después otro… Y con fuerza constante la llevé a pasear para que conociera el patio. Sin levantar una pata, asegurándose de irse deslizando cada centímetro, arrastré a Sune por todo el puto estacionamiento.

Pensé entonces, “ha de ser orgullosa como un gato…”, le quité la correa y de inmediato me siguió. La hice correr por 20 minutos y cuando ya se veía cansada, la subí (no sin antes recibir 2 comentarios de lo ‘angelical’ que era). Ahora está durmiendo.

Así que hoy empieza el ultimátum. Sí, a partir de hoy, tiene de 2 a 3 semanas para ganarme de vuelta y haré lo que esté de mi parte para verla con buenos ojos durante todo este tiempo. Está tierna la perra, pero estas madres no se las voy a soportar para siempre. Así que si dentro de 3 semanas todo falla, no sé si alguien la quisiera comprar (con todo y sus chivas: cama, atrayente, repelente, collar, 2 pelotas, jaula y comida para más de 1 mes) al precio que me cueste un gato ruso azul (con 1 caja de arena, o sea, más barato). Esperemos que no sea así, sin embargo. Eso sí, el coraje que traigo hoy, me lo voy a tener que tragar rápido porque mañana entro a trabajar a las 6.45 AM.

Amor ciberimaginario

Actualicé este post con un video de Youtube que me pasó Freak, bastante acertado…

El 2 de mayo de este año, a un grupo de científicos investigando en el sur de África les sorprendió ver a una foca (fur seal) atacar a un pingüino rey. No por comida, ni por territorio. Estaba intentando tener sexo con el pobre ave que pesa 70 kilogramos menos que la foca.

Era tan poco gentil la foca que uno de los científicos aseguró “de primera instancia creímos estaba matando al pingüino“. Unos de los que presenciaron el encuentro, especulando, dijeron que parecía el comportamiento de una foca joven sexualmente frustrada e inexperimentada.

Hay deslices tan grandes en la manera de juzgar y determinar una situación de posibilidad tener sexo que han de parecer barbáricos o llanamente tristes para otros. Me imaginé que las personas que juegan eroge* o bishoujo/bishounen games entrarían en esa clasificación, pero sin ningún tipo de hechos para sustentar mi teoría.

El punto de esos juegos es que uno, como el personaje principal, debe de ganarse el corazón de otro personaje, para al final salir con ella/él. Y en el caso del eroge, es poder conocer tan bíblicamente** como sea posible a la/el que te interesó más.

Una vez, una aclamada nutrióloga chiapaneca me comentó “Si no tuviera [hormonas], no serías tú…” Entonces, ¿qué carajos estaba esperando para jugar alguno y poder constatar mis teorías? Era algo intrigante, así que decidí conseguir juegos aclamados de tales géneros. De ahora en adelante, en vez de decir él/ella, diré “ella”, ya que jugué como hombre heterosexual que soy.

La primera parte divertidamente surreal del juego es que -generalmente- eres un joven absolutamente intrascendente y sin un atractivo en especial, pero que, curiosamente, tienes por ahí 3 o 4 mujeres que quieren salir contigo. Y obviamente el personaje principal no se da cuenta, para la evidente frustración de quien juega.

Por alguna razón, con un comentario o una acción rápida, ella cae rendida. Las demás se quedan tristes por no haber sido elegidas por un tipo intrascendente no-particularmente-guapo. A la única a la que se le comprendería es a tu amiga de la infancia que lleva enamorada de tí desde el momento en el que se dio cuenta de significabas demasiado para ella. Así que tienes que estar invirtiéndole cerca de 7 horas continuas para poder acabar saliendo con tu maestra que tiene 10 años más que tú y está taaan bien conservada y tiene el rostro de una niña.

Personalmente, no me metí mucho en el juego y en la trama, sólo sentí una enorme frustración cuando creí que todo el tiempo que le invertí a Natsuiro No Sunadokei se iría para la basura porque tomé una decisión errónea y el personaje principal se quedaría solo. Y luego pareció que no… había hecho bien al decirle que “podía contar conmigo”, quedaron felizmente juntos.

Lo que se me hace triste es que todos los juegos tienen fanáticos y han de estar casi (o verdaderamente) enamorados de Ai, quien no existe en la vida real y hay más de 15,000 copias de ella.

Pasando al eroge, hay de dos: o eres estúpidamente carismático y puedes escoger de entre tu harem de 7 mujeres que, aún cuando sepan que te acuestas con las demás, intentarán quedarse contigo… O eres como el otro, sencillo y normal, y de todas formas, hay unas dos o tres mujeres que antes de dormir, religiosamente le dan un beso a una foto tuya (si no es que la usan como inspiración para algo más); además de las que te podrías ‘ganar’ con tus acciones.

Y en unos juegos, el punto es tratar de dormir con todas las que alcances antes de quedar con una (o solo), mientras que en otros, sólo puedes escoger una. Lo entretenido es que si les compras un helado y las llevas a una feria, para la noche, ya se te están trepando encima y casi arrancando la ropa. A menos de que sea la más difícil de conseguir, la virgen que sólo lo hará contigo al final del juego.

Ahora, corríjanme si me equivoco, pero si llevas a una mujer promedio a una feria, le compras un helado y le sonríes antes de que termine el postre, mi suposición es que ella no se lo va a tirar encima de la falda con tal de tener una excusa para que la lleves a tu casa -que queda cerca- y le des un cambio de ropa a fin de que no ande sucia, situación que ella aprovecha para tener una noche de sexo loco y apasionado contigo. Digo. Mis suposiciones, nada más.

Y Sharess perdone a aquellos que juegan con franqueza los que son de fantasía, en el que está la niña con orejas de zorrita y cola frondosa. ¿Cómo carajos se transporta eso a la realidad? Sí, los furries. Pero, si los eroge han de ser mayoritariamente jugados por los que no pueden tener sexo (digo, para qué tener 30 juegos cuando puedes pasar 30 noches de mejor manera?), cuando finalmente venga la oportunidad… realmente espero que logren mantenerse excitados a pesar de la falta del par extra de orejas y cola peluda.

Y estaba muy decepcionado de la falta de realismo y trama de los juegos hasta que di con BraveSoul. El juego es un juego con hentai. Hay trama, aventuras, side-quests, enemigos y magical items para aventar. Y de vez en cuando, fanservice (y al final del juego, una escena hentai). Una saludable mezcla entre Diablo, Final Fantasy (u otro RPG basado en D&D) y espolvoreado con un poco de mujeres semidesnudas. Tan bien distribuido que hasta se te olvida que en teoría el punto del juego es acostarte con la ladrona (o la clériga, o la salvaje, o la hechicera…).

Estaba un poco preocupado por los que pasan la mayor parte de su tiempo libre exclusivamente en ese tipo de actividades, hasta que recordé algo que vi en el metro hace unos meses.

Un par de montes cálidos y húmedos abalanzándose el uno sobre el otro, una masa de granos, estrías, piel grasosa y sudada, saliva, poros tapados, cabellos y bigotes peleando; tratando de fundir las dos narices con venas moradas y cráteres y un ojo entrecerrado en una sola figura. Era un beso (con cantidades bíblicas de saliva, les relucía la barbilla de tanta baba) entre un hombre y una mujer (bigotona) de al menos 90 kilogramos cada uno y de una estatura menor a los 1.70 metros. Tuve que contener una arcada. No era el hecho de que ambos fueran apestosos, desagradables y poco celosos del bienestar mental de los que presenciaran eso.

Oh, no. Era el hecho de que, en tal espectáculo, era obvio que había algo más ahí. Deseo. A mí se me acerca cualquiera de los dos con intenciones románticas y juro que lo que tengo en la entrepierna se marchita y cae, muerto, seco como verruga congelada por dermatólogo.

Sí, suena muy despectivo y mamón si quieren. Pero hay límites. En esa situación, entiendo que habría amor por la otra persona, fuertes lazos de amistad, o el hecho de que te ha de comprender como nadie más en el mundo, pero… lascivia? Escapa a mi comprensión. Tal vez como no soy tan desagradable a la vista, tengo el descaro de pedir más que algo vagamente humanoide y ponerme bastante exigente a fin de cuentas en cuanto a apariencia (y exijo inteligencia además, caray).

Al recordarlo, díjeme: “Carajo, prefiero andar besuqueando la pantalla pensando que Ruby me está besando.” Así que erogamers, no tienen mi desprecio ni mucho menos. Los apoyo desde el fondo de mi existencia.

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* Eroge es un portmanteau^ japonés: erotic + game, pronunciado “erochiku geemu” por los nipones; bishoujo/bishounen: joven bella / joven bello, respectivamente.
** En la biblia de los católicos, el verbo “conocer” se usaba en las frases como “no ha conocido varón”, o sea, no ha tenido sexo.
^ Portmanteau = Una palabra portmanteau es la que fusiona dos o más conceptos para terminar en una sola palabra yuxtapuesta más funcional que andar explicando un concepto entero.

Negativo

Tomando en cuenta la gente que me lee, asumiré vilmente la posición de su punto de vista desde antes.

En casos como los nuestros, lo más normal es que uno sea el “bicho raro” de la familia. Tal vez sea por nuestra ideología, la forma de vestir, la manera de expresarse, las metas en esta vida (y/o las siguientes), las creencias… incluso una mezcla de dos o más opciones mencionadas anteriormente.

Hay mucha gente que se ha cuestionado “¿Qué sería de la vida si todo fuera al revés, si el norte fuera el sur, si los hombres fueran por un día mujeres?, etcétera. ¿Pero nos hemos preguntado qué sería de la vida si los raros fuéramos los normales y viceversa? Estoy seguro de que varios de ustedes ya lo han hecho. Y me ha tocado vivir de manera cercana un caso muy específico.

Como me gusta jugar Dungeons and Dragons, cuando me mudé a esta maldita ciudad, busqué un grupo con lugares disponibles… me encontré uno en La Liga de Aventureros, un grupo de gente que juega Eberron. Eso me pareció interesante, ya que hasta el momento había jugado en settings basados en, o directamente en, Forgotten Realms. Así que me puse de acuerdo con el grupo y quedamos de vernos al sur de la ciudad.

Después de atravesar un buen cacho de la urbe (y presenciar el beso más asqueroso de mi vida que después tendré que hacer un comentario entero acerca del mismo), llegué a mi destino. Esperé por un momento, y como sucede antes de conocer a alguien, me pregunté cómo serían. Supuse que un grupo y que la mayoría tendría un promedio, entre las edades de los roleros actuales (entre 16 y 35 años), por lo que las opciones eran muy amplias.

Cuando conocí al DM, no me sorprendí. Un hombre entre los 30s y los 40s, pero lo que dijo a continuación hizo que arqueara una ceja. La mujer de al lado, su esposa, era la barda / bárbara. El hijo de atrás (13 años aprox.) era un catfolk pyrotechnicist, su hermano de al lado (quien me recordó mucho a Kenshin de la prepa, pero de 15 años) era un elfo psion. También venía un amigo de éste último. El último me lo salto porque… ¡Era una familia geek!

Maravillado ante este descubrimiento, fuimos a casa del amigo del psion y ahí le preguntaron a la barda que qué había pasado con su hija. En ese momento llevó una mirada confundida al DM y preguntó:

-¿Tenemos una hija?
-Sí, es esa muchacha que se la vive en el antro y llega a dormir.
-¡Aaaah, ella!

Con todo y el sarcasmo evidentísimo, esa revelación me intrigó aún más. Son una familia de gente que (después descubriría) vive en un bosque / fraccionamiento, son ecologistas, geeks y tienen un miembro de la familia que desencaja por completo la ecuación. Una hija cercana a los 18 años que va al antro con sus amigas y hace cosas… pues… normales.

¿Qué se ha de sentir ser un miembro normal en una familia totalmente diferente? No lo sé… aunque debo de admitir que ellos son el sueño de muchos roleros. Encontrar a una pareja que comparta el gusto y si todo sale bien, años después, jugar Dungeons con los hijos que hubieran. Pero verlo en la vida real es casi apabullante y esperanzador. De ahí que me pregunté, ¿y si todos fuéramos geeks? ¿Qué sería de los normales?

La gente ‘diferente’ o a veces llamada ‘anormal’ tiende a ser lo que otros llaman “muy openmai” [léase "muy open-mind(ed)"]. ¿Cambiarían las reglas de convivencia? Estoy seguro de que sí. Se pudo notar en el comentario de los padres que no reprochan a su hija por ser diferente a ellos. Y, pero mas sin embargo no obstante cabe mencionar que… muchos de nosotros hemos recibido cantaletas que van entre las líneas de “¿Por qué no puedes ser normal?”

Lo único que nos falta no es que la gente sea geek, si no que sean instruidos. En el momento en el que uno se da cuenta de que: mientras se haga lo que se tiene que hacer sin afectar a los demás todo estará bien; además de que la opinión de los demás no importa. ¿Qué es “lo que se tiene que hacer”? Eso depende de cada uno, cambia para cada uno de nosotros y no podemos esperar que sea una regla firme e inflexible. Y eso es algo que muchos no entienden. Creer que “las cosas se hacen como yo hago” es el punto débil de una sociedad como la nuestra. Así es como llegamos a una sociedad en la que tirar basura en cualquier lado es aceptable pero el ser una mujer con novia es una catástrofe. La báscula de lo que es importante está corrompida desde hace décadas.

Así que tal vez si todos fuéramos geeks el mundo SÍ sería diferente. Hay geeks católicos, gays, negros, ateos, blancos, pansexuales, hindús y rusos por igual. Lo que tiende a unir a todos es un gusto en común y que la gran mayoría está dispuesto a aceptar las diferencias.

Un caso muy, MUY distinto al del Instituto Federal Electoral mexicano. Hace poco salió al aire un anuncio radiofónico que, aún cuando no son las palabras exactas, el mensaje era el siguiente:

“Debemos de respetar a los demás, sin importar sexo, raza, religión e ideología política.” ¿Y la preferencia sexual? Así que los que no sean heterosexuales se chingan, ¿no? Si yo que soy ‘buga’, me indigné, me sorprendió que no haya habido protestas en contra de un anuncio enfocado a abrir mentes cerradas, que, “curiosamente” obviara un grupo tan nutrido y a la vez tan discriminado por nuestra sociedad.

Así que, deberemos hacer geeks a más personas. Cuento con todos ustedes, tanto gangrels como halflings, elfos, jedi, klingon, sorcerers, punks, góticos… (etc) y gente que le da demasiado flojera seguir una sola corriente pero sigue siendo ‘anormal’.

Ellos no podrán para siempre quedarse donde están.

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*Normales = persona con gustos / actividades / ideales promedio. La normalidad es difícil de establecer y no faltará el filósofo que esté a punto de preguntarme en un comment “¿Pero, qué significa ser normal?”. Usé la palabra ‘normal’ por conveniencia.

Por cierto, en un tema totalmente diferente, el ave que había adoptado (una hembra de una especie muy común que se me olvida su nombre) murió. Supongo que no pudo sobrevivir al McPutazo que se metió a 5 metros de altura sin saber volar. ¿Por qué me importan más los animales que las personas?

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Experiencia (A):

Alguna vez ya he escrito de esto, pero creo que es necesario hacerlo de nuevo, ya que he hecho un descubrimiento en cuanto a aquellos seres que yo creía inalcanzables e inescrutables. Me refiero al colectivo que es el actor principal de la conspiración social en nuestra contra: Ellos. Documentaré este caso y más adelante continuaré con mi relato (marcado como “Experiencia”). Asumo con confianza que Baywords está fuera del alcance de Ellos, porque la base de operaciones del servicio se encuentra en Suecia.

Punto de contacto:

Yo no sospechaba que en el vuelo desde la terrible capital de nuestro hermoso país (sí, me refiero a México) hacia Guadalajara me encontraría con un agente de aquella temida secta. Mientras intentaba dormir en el trayecto, de pronto, detrás de mí… junto a un señor que no sabía modular su volumen porque venía gritándole amistosamente a su acompañante (me niego a usar el verbo “conversar”, lo que él hacía desafía su significado*). En ese preciso momento, entre las pausas del señor que mascullaba, logré escuchar algo más, sólo un susurro:

“…y ahora su hija se puso uno de esos aretes en la lengua. Ay, dios santo, mira nada más qué cosas la están dejando hacer. Luego, vas a ver que ella…”

Entonces caí en cuenta. Ahí estaba, cerca de mí, ¡un integrante de Ellos! A punto de entender más, sin embargo, el tipo volvió a gritar, por lo que tuve que dirigir mi mejor mirada de “Fermez votre museau” (cierra el hocico, si no mal recuerdo), que tuvo efecto sólo por unos momentos, ya que poco después estaba ladrando de nuevo, enmascarando la conversación/influjo de Ellos.

Para los que no han logrado romper su hechizo, tendré que explicarlo, con la esperanza de que más se unan a la resistencia.

Trasfondo Histórico:

Nos situaremos en uno de los momentos críticos de la creación de nuestra cultura, en la época de la dominancia española. Ajeno al conocimiento ibérico, una secta fue creada. Usando como su mejor arma un catolicismo desfazado y mutilado, conjuraron un potente concepto que embrujaría a la gran mayoría de los mexicanos: Las “Buenas Costumbres“.

Suficientemente ambiguas como para que nadie jamás pudiera poner el dedo sobre qué son, pero bastante concretas como para que, desde un podio de superioridad, algunos pudieran decir “eso está mal” y “¿a qué está llegando el mundo?”. Las Buenas Costumbres son el flagelo de muchas personas que no encajan con una arcaica y macabra manera de ser que drena todo vestigio de personalidad e individualidad no-aceptada por la secta.

No hay un patrón inteligible de los preceptos morales, ya que hay casos en los que es perfectamente aceptable que un varón, antes de casarse, tenga varias compañeras sexuales y consuma alcohol en exceso. Eso mismo es absolutamente inaceptable para las mujeres.

Aún cuando la homosexualidad está como uno de los más grandes pecados en la lista de Las Buenas Costumbres, el usar ‘albures’, que tienen como objetivo ofender a otro hombre haciéndolo ver como homosexual pasivo, y al ganador como homosexual activo, esta práctica no está penada en absoluto.

Cualquier tipo de expresión de individualidad que incluya hacerse perforaciones en cualquier lugar que no sean los lóbulos -en el caso de las mujeres- o una perforación en sí -para los hombres- está penado, ya que dicen que ‘profanan y/o destruyen su cuerpo’. No obstante, peleas o choques de automóviles causados por el alcoholismo, algunas veces se documentan como ’simples accidentes’ y otras veces son motivo de escarnio.

Los estilos y cortes de cabello son un tema aún más complicado: los hombres no pueden pintarse el cabello a menos de que tengan canas y deberán traer el rostro descubierto si están trabajando, con el cabello corto. Sólo las mujeres tienen la posibilidad de pintarse el cabello aún si no tienen canas, exclusivamente si son tonos que van del amarillo al negro, pasando por el café: cualquier otro color puede o no ser penado, dependiendo de factores extraños en cada caso.

Conclusión: no hay un patrón evidente.

Modus Operandi:

Las Buenas Costumbres son una fuerza bastante potente en sí, pero necesitan de propagación. Para este efecto, la facción militar Ellos fue creada, con la misión de perpetuar y subyugar a los ‘impíos’. Varias veces me he enfrentado de manera indirecta con Ellos, pero son demasiados y están diseminados de tal forma que es casi imposible saber quiénes son o como distinguirlos.

Aún cuando muchos no crean en la existencia de Ellos, todos los mexicanos hemos escuchado de su acción a lo largo de nuestras vidas, nunca se dice la palabra “Ellos“, aunque las referencias a la facción o a Las Buenas Costumbres son casi directas siempre, a veces mezcladas con interjecciones religiosas:

“…él trae el cabello rojo, es que ¿qué dirán?”

“…la otra vez ella entró al departamento de su novio, ¡sola! ¿Es que acaso no le preocupa?”

“ay dios, ojalá no salga embarazada” “ay no, no andes diciendo esas cosas, no vaya a ser–” [[la frase muchas veces se interrumpe ahí, algunas otras, usan un contra-maleficio con las palabras místicas 'que la boca se te haga chicharrón'.]]

“…santo cielo, si se llegaran a enterar de lo que hacen…”

Invariablemente, se hacen referencias a una fuerza mística (Las Buenas Costumbres) que actuará en contra de los impuros de manera inmisericorde, buscando un castigo absoluto, brutal y definitivo. Cuando no es así, se usa un plural tácito en las oraciones, indicando que hay un colectivo que se encarga de las mismas labores que Las Buenas Costumbres (apuntando a la existencia de ‘Ellos‘).

Ellos siempre trabajan desde las sombras, sólo en murmullos que a veces se le escapan al viento en los que podemos escuchar de una persona que está evadiendo a Las Buenas Costumbres. Las personas comunes sólo se preocupan de lo que podría pasar, sin embargo, Ellos sentencian.
//Fin del documento//

Experiencia (B):

Es por esto que cuando empecé a escuchar las palabras “Luego, vas a ver que ella…” supe que me encontraba en la presencia de la secta, no supe si era hombre o mujer, pero el tono acusador en la frase le delataba como integrante de Ellos. Mi error fue voltear a callar en el momento que el hombre gritaba, seguramente mi reacción evidenció que apoyo a Der Widerstand. Comprendí ya demasiado tarde. Aquel cuasimodo era sólo un peón de Ellos, teniendo como ocupación el asegurarse de que nadie se diera cuenta de lo que sucedía durante el vuelo. Seguramente no contaron con que alguien estuviera esperando una oportunidad así.

La retaliación fue expedita. Durante mi estancia en Guadalajara, mi padre me dijo que alguien le había pedido a mi tío que me sugiriera que me cortara el cabello, ya que la longitud se ‘veía mal‘ para una persona que trabaja para el gobierno. Como no quiero que mi familiar se vea en problemas por una batalla que yo mismo he decidido luchar, acepté de la mejor forma que puedo. Me corté el cabello, teniéndolo aún más largo que cualquier persona que trabaja aquí: con forma y de manera un tanto estilizada en estética oriental.

No soy un rebelde consumado ni una persona que se encarga de echar a perder vidas, sin embargo, mis ideas han hecho que varias veces me enfrente a Las Buenas Costumbres. Hasta el momento, han ganado la mayoría de las batallas. Estos enfrentamientos han logrado que se ganen mi enemistad, y por ende, unirme a Der Widerstand (la resistencia) de manera no oficial. Un grupo no organizado en contra del imperio que intenta perpetuar Las Buenas Costumbres. No se necesita coordinación, sin embargo, resulta sencillo trabajar por separado, y a la vez, unidos por la misma causa: ser uno mismo. Cuento con ustedes.

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* Sección improvisada de “aprendamos español”, con la vaga esperanza de que aquel imbécil lea esto. Todos los significados copiados vilmente de la Real Academia Española.

¿Él intentaba conversar?
conversar. (Del lat. conversāre).
1. intr. Dicho de una o de varias personas: Hablar con otra u otras.
hablar. (Del lat. coloq. fabulāri).
1. intr. Articular, proferir palabras para darse a entender.

Sin embargo, la realidad era distinta:
gritar. (Del lat. quiritāre, dar grandes voces).
1. intr. Levantar la voz más de lo acostumbrado. U. t. c. tr. // 2. intr. Dar un grito o varios. // 3. intr. Manifestar en un espectáculo desaprobación y desagrado con demostraciones ruidosas.